Bienvenido/a al blog de Spanjecoach
Este blog no es una colección de consejos ni una guía de autoayuda.
Aquí comparto fragmentos de mi propio camino: miedos, dudas, inseguridades, obligaciones, pérdidas e insights. Es un paseo sin mapa, donde cada paso es un descubrimiento.
Escribo desde la honestidad, sin perfeccionismo y sin la necesidad de tener siempre respuestas. Creo que mostrar vulnerabilidad también es una forma de acompañar a otros.
Psicólogos, coaches y counselors también somos personas con historias, heridas y sombras. La diferencia está en que elegimos mirarlas, explorarlas y trabajar con ellas para crecer. Ese proceso me permite acompañar a otros de manera auténtica y cercana.
Espero que en mis relatos encuentres algo que te resuene: un sentimiento de reconocimiento, alivio, comprensión o simplemente compañía.
Si mis palabras pueden acompañarte aunque sea un instante, este espacio ya habrá cumplido su propósito.
Caminar sin mapa
Muchas veces caminamos sin un mapa claro. No siempre sabemos hacia dónde vamos ni qué pasos son los correctos. Hay días en los que sentimos que avanzamos, y otros en los que todo parece girar en círculos.
Este blog nace para acompañar esos momentos en los que la vida no trae instrucciones, y las respuestas no aparecen tan rápido como quisiéramos. Aquí no encontrarás fórmulas mágicas ni caminos perfectos.
Explorar lo que sentimos
Este espacio es una invitación a:
-
Reconocer nuestras dudas y miedos.
-
Aceptar la mezcla de versiones internas que a veces nos confunde.
-
Recordar que incluso quienes acompañan a otros, también vivimos nuestros procesos, sombras y momentos de claridad.
No se trata de decirte cómo vivir, sino de ofrecer un lugar donde puedas reconocerte, donde las palabras te recuerden que no estás solo/a. Muchas personas caminan también en la misma niebla.
Aprender a caminar con lo que hay
A veces, la verdadera transformación no viene de encontrar la respuesta perfecta, sino de:
-
Aprender a caminar con lo que tenemos.
-
Descubrir que dentro del caos puede haber un pequeño espacio de orden.
-
Permitirse sentir, sin exigirse saberlo todo.
Si algo de lo que leas aquí te toca, te mueve o simplemente te acompaña, entonces este espacio ya ha cumplido su propósito.
Bienvenido/a a este recorrido sin GPS
Gracias por estar aquí.
Y recuerda: caminar sin mapa también es parte del viaje.
La presión de los deberías y la identidad perdida
Muchas personas conviven con una pregunta silenciosa que pesa más de lo que parece:
“¿Quién debo ser?”
No llega como una reflexión tranquila, sino como una presión constante, un recordatorio diario de expectativas que parecen no tener fin.
Influencias invisibles
En muchas familias hay ausencias, heridas o historias que no se cuentan del todo, pero que influyen en cómo cada miembro crece y se percibe. Estas experiencias, a veces invisibles, moldean nuestra identidad: expectativas no dichas, sueños heredados, mandatos transmitidos sin palabras.
Desde pequeños, aprendemos a observar más de la cuenta: emociones, tensiones, responsabilidades y silencios. Esa sensibilidad puede ser una brújula… pero también una carga. Entre preguntas y presiones, surgen los famosos “deberías”:
-
Debería ser más fuerte.
-
Debería tener más éxito.
-
Debería ser más independiente.
-
Debería verme mejor, hacer más, rendir más.
-
Debería saber quién soy ya.
-
Cuando los “deberías” se convierten en identidad
Los “deberías” se transforman en una identidad impuesta, exigente y casi siempre inalcanzable. Vivimos hacia afuera, cumpliendo expectativas ajenas, y perdemos de vista lo que realmente queremos.
La pregunta inicial —“¿Quién debo ser?”— quizá no sea la que más libera. Tal vez la verdadera pregunta sea:
“¿Quién puedo permitirme ser… por fin?”
Reconectar con el deseo auténtico
Un camino de acompañamiento emocional puede ayudarte a:
-
Distinguir entre las voces externas y la propia.
-
Reencontrarte con tus deseos auténticos.
-
Dejar de vivir bajo mandatos heredados.
No se trata de convertirte en la versión perfecta que otros esperan, sino en una versión más honesta, ligera y propia.
-
La primera bifurcación
Antes de una decisión importante, muchas personas no sienten claridad, sino bloqueo. No saben qué camino tomar, pero tampoco se sienten capaces de quedarse donde están. Es un punto intermedio incómodo, lleno de dudas y ruido interno.
En ese momento, no siempre falta información. A veces lo que falta es espacio para escucharse. Las opiniones externas, las expectativas y el miedo a equivocarse pueden hacer que la propia voz quede apagada.
Cuando esto ocurre, la persona puede avanzar sin sentirse realmente presente en la elección. No porque no le importe, sino porque no logra conectar con lo que necesita. Así, la decisión se toma, pero la sensación de coherencia no llega.
El acompañamiento emocional ofrece un lugar para detenerse en ese punto de bifurcación. No para decidir rápido, ni para elegir “bien”, sino para entender qué está pasando por dentro antes de dar el paso.
A veces, no se trata de encontrar el camino correcto, sino de volver a sentir que la elección, sea cual sea, nace de uno mismo.
El lugar donde empieza la claridad
A veces creemos que nuestra vida está construida por lo que otros esperaban de nosotros.
Pero, si miramos con calma, descubrimos algo importante: todo lo que somos hoy —lo que elegimos, lo que evitamos, lo que buscamos, lo que amamos— lo hemos ido construyendo nosotros mismos, paso a paso.
No desde la perfección, sino desde las herramientas que teníamos en cada momento.
No desde la claridad, sino desde lo posible.
Preguntas comunes que surgen
Muchas personas llegan al acompañamiento emocional con sensaciones como:
-
“No sé si mis decisiones fueron realmente mías.”
-
“No sé si elegí por miedo, por costumbre ,por encajar o por huir.”
Cuando empezamos a mirar sin juicio, aparece otra perspectiva: no somos solo las expectativas que heredamos, sino también la manera en que las transformamos.
Reconocer nuestra propia historia
La vida no se reduce a “lo que me hicieron” o “lo que me dijeron”. Somos un tejido de lo aprendido, lo intuido, lo deseado y lo temido. Un puzzle que damos forma con lo que recibimos y lo que decidimos hacer con ello.
Aceptar esto no es conformarse.
Aceptar es dejar de pelear con nuestra propia historia.
De la culpa a la responsabilidad tranquila
Cuando dejamos de buscar culpables, surge algo más útil: la responsabilidad tranquila, que no castiga pero sí ilumina.
Desde ahí podemos preguntarnos:
“¿Quién soy hoy, con todo lo que he vivido, y qué necesito para estar un poco más en paz conmigo mismo/a?”
No se trata de cambiarlo todo. A veces solo necesitamos:
-
Entender de dónde viene nuestra tristeza, nuestro cansancio o confusión.
-
Nombrarlo y mirarlo acompañados.
-
Darle espacio a la emoción.
El cambio como comprensión
El cambio verdadero no suele ser una revolución, sino una comprensión, una suavidad nueva, una mirada menos dura hacia uno mismo.
El autoconocimiento no es volverse otro, sino reconocerse por fin y, desde ahí, decidir —si queremos— mover una pieza del puzzle.
Ese es el trabajo. Ese es el camino.